Wednesday, March 07, 2007

¿Qué es el cine? Definición provisional de Humberto Macías


El siguiente texto es un fragmento de un artículo que estoy preparando sobre la
POSIBILIDAD DE UNA EPISTEMOLOGÍA DE LA CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA.

· Cinematografía

Más allá de la tecnología que Edison y los Lumiere lograron estandarizar para crear la sensación de movimiento proveniente de una serie de imágenes fijas, necesito hacer unas definiciones de trabajo sobre la cinematografía, para acotar las preguntas sobre las pretensiones de validez y fundamentación de la crítica cinematográfica.

El cine es discurso narrativo

Las culturas se han construido con un aprendizaje agregado que trasciende la existencia personal y se va entregando generacionalmente en formas simbólico-metafóricas, con connotaciones sapienciales y existenciales muy densas. Esas visiones del hombre y el cosmos que construyen los metarelatos fundantes de una sociedad, desencadenando una cultura, algunos le llaman mitos, en lo personal prefiero el título que utiliza Juan Luis Segundo llamándolos “narraciones icónicas [1].
Estos relatos que recomponen comprensiva y sintéticamente el devenir histórico, aspiraciones, triunfos y dificultades de un pueblo, de manera simbólica y con fines de supervivencia colectiva, construyen la narrativa.
Una narración icónica no se hace en un día. Sus moralejas implícitas son probadas y confirmadas, en la experiencia directa, una generación tras otra. Son una tradición viva porque la suerte de cada generación –que sigue tales consejas- modifica sustancialmente la forma y fondo de tales mitos fundacionales. Así el Decálogo judeocristiano fue adaptándose al contexto físico-político del pueblo que lo generó, y lo aprovechó, desde tiempos inmemoriales[2]. Estas historias magistrales forman la herencia narrativa de cada cultura. Son el cuerpo de la narrativa. Ésta se vehicula a través de muchas formas y medios de comunicación. La tradición oral, la literatura, el teatro y ahora el cine, revisitan y reformulan el imaginario colectivo de una sociedad. En cada tipo de manifestación que la narrativa genera, produce su propio lenguaje y el mecanismo específico de propagación y reproducción. Las leyendas de los abuelos necesitan ser contadas frente al fuego. El cine requiere una cadena de producción y distribución, una sala oscura, refresco, palomitas… La literatura necesita un aparato de celulosa y tinta, un gran sofá y un café humeante al lado. Cada lenguaje tiene su propia lógica y condiciona aquello que comunica.
No todos los lenguajes son igualmente eficaces ni eficientes en su tarea de trasmitir los deseos y creencias del pueblo que los cultiva. La literatura es por mucho la reina de estos vehículos de comunicación tradicional. El cine también entra a esta función social pero en desventaja relativa, como lo expresa Krisztof Kieslowski[3] :
"El cine es una forma primitiva de contar y escuchar historias. Y el hombre siempre ha tenido la necesidad de contar y escuchar historias."
¿Una forma primitiva? ¿Con la tecnología de Jurassic Park? Primitiva en su capacidad de comunicar datos e ideas. Si se leyó el Nombre de la Rosa y después vio la película, podrá entender… Una imagen dice más que mil palabras, si lo que se quiere es describir un objeto físico, pero una palabra tiene muchas más connotaciones y significados que mil imágenes concretas (así es la imagen, fotográfica, del cine, denota mucho pero connota poco). Si leyó Tom Sawyer en su infancia se habrá decepcionado con la reconstrucción cinematográfica de la novela. ¿Por qué? No sólo porque la imaginación personal produce los detalles más deseados por uno mismo para enriquecer sus imágenes, ni sólo porque el placer de crear la imagen mental se suma al placer de leer la historia literaria. La imagen concreta y precisa tiene otra desventaja respecto a la palabra equívoca.
La palabra es mucho más eficiente para comunicar ideas abstractas, profundas, y complejas que la imagen. Precisamente por la densidad y miles de significados y connotaciones de la primera. Pero la imagen concreta tiene una potencia psicoafectiva mucho mayor que la palabra. Si alguien promete presentarme “una mujer” no causa el mismo efecto que enseñarme su fotografía. Mi sistema nervioso límbico, impulsivo y primario, podría saltar y convencer a mi corteza cerebral, recatada y reflexiva, de aceptar una cita “no-a-ciegas…”. En esta capacidad de provocar impresiones psicoafectivas muy vivas, se fundamenta la potencia comunicativa e ideológica del cine. Desde muy temprano en la historia de la cinematografía se descubrió esta capacidad de reafirmar filias y fobias[4]
El lenguaje cinematográfico es construido tradicional y colaborativamente. Tiene la suficiente densidad comunicativa, expresiva y simbólica necesaria para poder continuar con la mecánica reproductiva, omnicomprensiva, sapiencial, narrativa, en nuestra cultura. De esta manera, el cine se convierte en foro mundial. Desde el acontecimiento de Hiroshima el cine se preguntó sobre la capacidad de autodestrucción del género humano. Actualmente la necesidad postmoderna de redefinir la realidad y el tiempo ha trascendido de la pregunta original de Einstein y actualmente plantea preguntas a quemarropa a los espectadores de “Matrix” y “Antes de la lluvia”. No sólo los tópicos candentes de la sociedad aparecen en el cine, más bien los metarelatos son reprocesados y revividos, puestos a prueba, digeridos de nuevo. Los mitos ancestrales de Orfeo, Caín, Prometeo, Sísifo y Cronos aparecen constantemente, de manera implícita, en cada película construida con cuidado y exhibida en los festivales y salas cinematográficos de todo el mundo. La narrativa humana respira a través del proyector.
Grifith, Chaplin, Esisenstein y Welles son algunos de los nombres reconocibles en la generación e invención del lenguaje narrativo-visual del cine. Pero realmente lo construimos cotidianamente quienes reconocemos a nuestro héroe favorito entre unos manchones de luz coloreada y fugaz, dentro de galerones oscuros y abarrotados nombrados cines.
Los diferentes lenguajes adoptados por la narrativa social, sus efectos y la mecánica de su reproducción específica, son muy distintos. Por lo mismo es muy difícil la traducción entre estos lenguajes narrativos. Un libro no cabe en dos horas de película. El impacto personal del actor de teatro no se logra en la pantalla. Las modas de bailes y peinados que logra el cine no pueden lograrse con un bestseller o una gira teatral.
Cada lenguaje tiene su estructura propia y su lógica de interpretación distinta. Por lo mismo, los métodos de crítica para cada una de estas versiones de la narrativa son especiales. Sí hay muchos elementos en común, por ser relatorías simbólicas donde una sociedad se refleja y proyecta a sí misma[5], pero es necesario analizar y estudiar particularmente sus diversas técnicas y métodos de crítica. Es posible extrapolar algunas intuiciones y principios de la crítica literaria a la teatral y a la de cine, pero no redime de analizar la crítica cinematográfica por separado y con legitimidad propia.

El cine es fenómeno social

El kinematoscopio de Edison no tuvo igual impacto social, masivo y duradero, que el cinematógrafo de los Lumiere. Tampoco construyó su propio lenguaje expresivo. No generó una industria que factura una fracción importante del PIB norteamericano y que compite en desarrollo tecnológico con muchos artefactos bélicos. Entonces el cine es mucho más que el aparato que atrapa el movimiento[6]. No sólo es uno de los lenguajes narrativos más utilizados por nuestra cultura globalizada. La realimentación entre el modo de vida cotidiana y el cine es ya muy conocida. Las generaciones actuales “aprenden a amar” en el cine y éste trata de reflejar las nuevas modalidades que adopta “el amor” en los diversos grupos de la sociedad. Junto con otros medios de comunicación masiva influye y es influido por el momento histórico que los utiliza. El impacto psicoafectivo de una película vista en la oscuridad de la sala, en pantalla gigante, sonido omnidireccional, efectos visuales computarizados, producción millonaria, distribución invasiva, y engullendo golosinas automáticamente, no tiene comparación con el alcance de otras formas de narración contemporánea. Sólo la tradición oral, que sigue viva en redes extensivas de comunicación directa y espontánea, podría superarlo[7].
El objetivo del cine es provocar principalmente emociones masivas, invasivas e inmediatas, y sólo derivadamente ideas y discursos racionales. Es la ventaja comparativa del cine respecto a la literatura o el teatro.
En la intimidad masiva del cine[8] y repitiéndose la función millones de veces, la sociedad interpreta, digiere, reflexiona, se apropia y comunica, la conciencia colectiva, que va construyendo la sociedad, que a su vez produce su narración cinematográfica. Por ello el cine, y su crítica, tienen importancia social ineludible. Como en la Polonia de la posguerra, la capacidad del pueblo para hacer, e interpretar, cine es asunto de superviviencia nacional[9]. Por esta potencia impresivo-ideológica del lenguaje cinematográfico, y su carácter masivo, la interpretación y crítica cinematográfica resulta tener una importancia ineludible para la sociedad y su cultura.

El cine es arte

No hay forma de explicar porqué, en medio de la era espacial, cuando estamos en presencia del ser amado seguimos “sintiendo mariposas en el estómago”. Sabemos que no hay mariposas que puedan sobrevivir en el estómago, pero seguimos usando esta forma coloquial. La precisa lógica material-positivista, propia de las ciencias naturales, no es eficaz en la comunicación simbólico-existencial humana. Es pedirle peras al olmo. La sabiduría humana sigue recurriendo a imágenes metafóricas y no a explicaciones científico-materiales. Por eso sigue vivo el arte. El arte es comprensión, la ciencia positiva es explicación[10].
Un ser humano vive una situación límite y su experiencia es incomunicable. Ya sea la aparición del cáncer de colon. o sentir los dedos de su hijo en la incubadora, la complejidad de tal experiencia no puede codificarse en palabras precisas. Sin embargo la intensidad emocional no puede contenerse. Aún para digerir lo vivido es necesario reflexionarlo, procesarlo y comunicarlo a alguien. Aunque sea a uno mismo. Es cuando surge el arte. Una experiencia inefable requiere de formulaciones metafóricas y originales. Necesita un vehículo material que dé cuerpo externo, aprensible, a la fugaz e intempestiva experiencia interna. Sólo así podrá ser percibido por otro ser humano, al fin de cuentas material también, con una sensibilidad organoléptica que percibe sólo lo material. Entonces el objeto creado hace presente lo ausente para el otro. Simboliza, re-presenta, lo vivido por el creador y lo ofrece accesiblemente a la empiria del otro. Cuando alguien convierte en objeto[11] tal cuerpo re-presentante, hurga en su propia experiencia humana –inefable también- y le provoca retraerse a situaciones análogas ya vividas, o extrapoladas de las experimentadas directamente. De alguna forma una experiencia en el creador resuena, transformada, impactante, viva, en el espectador. Entonces el objeto se convierte en provocador. Llama y despierta una experiencia vívida. Entonces se da el fenómeno el arte. No cualquier empatía es arte, paro el arte es la forma más arrolladora de empatía. Una experiencia artística puede tumbarnos de nuestra silla. Los pañuelos en el cine, podrían dar alguna muestra de ello.
Artista el que codifica y materializa su experiencia, como el que descifra y reconstruye una experiencia propia. En ese sentido es sólo de humanos el arte. Sólo los animales simbólicos pueden vehicular materialmente los rincones de si psiqué. El espíritu humano sopla de uno al otro y viceversa. La comunión humana, a través del arte, es posible.
El cine cumple bien con estas características fundamentales de la experiencia estética. El realizador se pregunta sobre la vida y genera una historia, vehiculada material-tecnológicamente con luces y sombras sobre una superficie plana, pero codificada con un lenguaje simbólico común y reconocible. Mientras más fundamental y auténtica la experiencia explorada por el realizador más provocadora la película. El público es impresionado y cada uno es provocado de manera distinta, porque a la cita cinematográfica llegan con experiencias de vida distintas. Aunque objetivamente han visto las mismas imágenes proyectadas mecánicamente, han tenido una experiencia artística diferente. De ahí surge la necesidad de comunicar entre nosotros la experiencia cinematográfica, la necesidad de hacer crítica de cine.



[1] Para profundizar sobre la mecánica de la tradición y la cultura se puede consultar:
[2] Para una descripción breve de cómo fue modificándose el Decálogo con el paso de la tradición judía, ver:
Macías, Humberto R.
Decálogo, una propuesta vital de Krszistof Kieslowski para nuestra ética cotidianaTesis para filosofía social por el Instituto Libre de Filosofía y Ciencias
Guadalajara, 1997
http://www.tij.uia.mx/~humberto/TESISKK.DOC
[3] Puede encontrarse una amplia interpretación sobre las películas de este director polaco en Macías 1997 (ya citado)
[4] El cine, como en general la propaganda, no provoca cambios de actitud en su público ante un asunto dado, sino la profundización de la que ya tiene. No somos público inerme ante el cine, aunque sí nos gusta que nos den por nuestro lado...
[5] El lector cualificado podrá reconocer en la afirmación de este párrafo la necesidad de recurrir a la fenomenología hermenéutica para poder buscar las experiencias humanas –personales y tradicionales- que generaron esos lenguajes y obras simbólicos. Aquí puede vislumbrarse la necesidad de recurrir a las ciencias humanas y sociales para entender el fenómeno del cine. La búsqueda de una respuesta sobre la “posibilidad de la epistemología de la crítica cinematográfica” promete alguna claridad.
[6] ver el cine antes del cine.
[7] Para profundizar sobre redes y mecanismos de reproducción ideológica ver: Althusser
[8] Esta es una de las paradojas del cine. Es un evento social, pero requiere que no haya interacción conciente entre los espectadores para apreciarlo plenamente.
[9] Fue famosa la sociedad polaca por su red nacional de cineclubes, grupos de análisis y crítica cinematográfica a lo largo y ancho del país. El cine jugó un papel importante en la política y la formación de una sociedad civil crítica y proactiva. Llegó a ser arena de debate y proyecto nacional, a escondidas de la censura oficialista. Esta discusión cinematográfica de la política culminó con el término del gobierno del partido socialista, oficialista y estatal. Puede encontrarse más datos en Macías 1997.
[10] Aquí viene una segunda posible intuición sobre un aposible epistemología de la crítica cinematográfica: las ciencias duras tendrán poco, o casi nada, qué decir sobre el fenómeno humano-social del cine. La estructura principal que sustente epistemológicamente una crítica del cine, validable, deberá valerse de los métodos cualitativos. Por lo pronto el Oscar sigue dependiendo inconfesablemente de la cuantificación de taquilla…
[11] Objeto quiere decir, poner una cosa ante nuestra atención…
Post a Comment