Tuesday, February 24, 2009

OSCAR 2009: MIRAR A LOS OTROS

 

            Las películas seleccionadas para los premios Oscar del año pasado 2008 nos reflejaban crudamente una sociedad donde imperan la violencia y el poder económico, el crimen y la corrupción, la degradación moral. O mejor decir  una sociedad sin moral. Una nación “sin lugar para los débiles”, para los pobres, para lo que buscan justicia, honestidad, verdad…Así vimos Petróleo sangriento, Sin lugar para los débiles, En el valle de las sombras, entre otras.

            Ahora, para los Oscar 2009, los realizadores cinematográficos han querido reaccionar y proponer algunas esperanzas, quizás animados por el final de la era Bush. El camino cinematográfico que han tomado es contar historias y ficciones que nos hagan mirar a los otros, a los diferentes, a los que no están tan cerca de mí. Y así las principales películas de este año tienen como protagonistas a niños huérfanos, niños de la calle, ancianos, inmigrantes, homosexuales, madres de raza negra, trabajadores de limpieza…

            Viene aquí la presentación de algunas de estás historias.

 

Quisiera ser millonario (Slumdog Millionaire)  de Danny Boyle, apela a lo más noble, más bello y más poderoso que hay en el corazón de todo ser humano, y que está ahí como fuerza espiritual y como esperanza, más allá de toda condición económica y social, pero que brilla esplendorosa en los pobres; como en Jamal, el joven protagonista, nacido y criado en las calles  miserables de Mumbai, y quien junto con su hermano y una niña salen adelante en la vida con el tesón cariñoso de “tres mosqueteros”. La historia que vamos conociendo a través de un concurso televisivo atrapa y anima todo los corazones, y lo hace a través de un jovencito que se sabe las respuestas que la vida le ha dado y que cree y espera por encima de todo, porque hay algo que vale más que veinte millones de rupias.  Slumdog Millionaire tiene la chispa y la magia del cine, como pocas películas, y ocho premios Oscar.

 

El curioso caso de Benjamín Button es una fábula que tiene como protagonista a un niño que nace con el aspecto de un anciano y que muere siendo físicamente un bebé. Un cuento corto de F. Scott Fitzgerald se convierte por David Fincher en una fábula cinematográfica, llena de pequeños detalles y de símbolos, que como toda fábula tiene mucho de lirismo, fantasía, imaginación, mensaje, y que invita a la aceptación de las diferencias de edad, raza, color, religión, identidad; a la aceptación de la vida y su destino, de la salud y la muerte, para hallar fe, amor, esperanza -sin un connotado estrictamente religioso-; para simplemente experimentar que amamos la vida y aprendimos a ser lo que quisimos y pudimos ser.

 

La duda (Doubt). Son  cuatro miradas diferentes a un incidente no comprobado, a una duda: ¿qué pasó en la sacristía entre el Padre Flynn y su pequeño amigo monaguillo? Cuatro miradas que pueden ser la de cualquiera de nosotros: juicio o comprensión, intransigencia o verdad, reclamo o bondad, firmeza o debilidad…La historia en Duda –con un inteligente libreto más teatral que cinematográfico- invita a abrir nuestra mirada y nuestras convicciones a lo que hay en la otra persona: quizás el otro pudiera desarmarnos y nos permitiera alcanzar una verdad que está más allá de una certeza y más cerca del amor y de la condición humana.

 

Milk.  La sólida historia escrita por Dustin Lance Black, resultado de una investigación documental con  innumerables testimonios de los protagonistas reales, recorre la lucha y ascensión política y social de Harvey Milk, desde que llegó al barrio Castro de San Francisco en 1972, hasta su asesinato en 1978, siendo concejal de la ciudad y luchador por los derechos de las personas homosexuales. El gran trabajo de Gus van Sant en la narrativa y de la  fotografía y la dirección artística consigue una notable  recreación de la época, además de un bello testimonio sobre la esperanza como principal arma de lucha contra el rechazo que provoca en algunos la orientación homosexual.  En estos tiempos que escuchamos repetidamente decir que no hay más utopías, que todo es cinismo y falta de compromiso, Milk se presenta como una película de un inusitado compromiso político y social, sobre una persona real que decidió cambiar el mundo, empezando por ella misma, y se entregó a defender la dignidad humana de los rechazados sociales.

 

Sólo un sueño (Revolutionary Road), resulta la otra cara de la propuesta para una mirada esperanzada. Historia desoladora en que unos personajes ahogados en la rutina y en su egoísmo no saben amar ni evolucionar hacia ninguna parte, como reflejo y protagonistas de una sociedad occidental enferma que seduce con el engaño de la  comodidad y la prosperidad, de la apariencia y las falsas ilusiones, y deja en la infelicidad y en un “vacío desesperanzado”.

WALL-E es la última y extraordinaria propuesta de Pixar y Disney.  Tras 700 solitarios años haciendo aquello para lo que fue construido: limpiar el planeta tierra de tanta basura y contaminación en que ha quedado, WALL-E descubre una nueva misión en su vida cuando se encuentra con un pulcro y perfecto robot explorador femenino llamado Eve (“evaluadora de vida extraterrestre”) y siente la chispa del amor. El viaje de ambos a través de la galaxia –incluidas música y coreografías de Hello, Dolly!- desencadena una de las más emocionantes e imaginativas comedias de aventuras llevadas al cine. Junto a Wall-E, en este fantástico viaje hay un comiquísimo y simbólico  elenco de personajes, como una cucaracha mascota y un heroico equipo de robots destartalados, y unos humanos convertidos en mascotas que engordan con comida chatarra mirando la televisión. Estamos ante una fábula conmovedora, tierna y extraordinariamente visual, en que Wall-E es como el Chaplin del siglo XXI.

Entre les murs (La clase), del francés de Laurent Cantet, construye  una simbiosis entre la realidad y la ficción en el marco de una escuela de un barrio francés de inmigrantes. Fiel a los principios de la propuesta, el director jamás abandona el perímetro marcado por los muros del centro, en el que seremos testigos privilegiados de los conflictos y discusiones de un profesor entregado a su labor como pedagogo y tutor, y unos alumnos que deben acarrear con los estigmas de su entorno social. Juntos han de aprender –no tan fácilmente- los valores de la democracia, la convivencia, el respeto y los requisitos éticos de todo proceso educativo.

 

            El cine nos ayuda a mirar a personas que se atreven a salir de sí para ir hacia los otros y amarlos, defenderlos, acompañarlos…Estas historias nos siguen recordando que sólo nos encontramos a nosotros mismos rompiendo nuestra cerrazón y abriéndonos a la realidad de los demás, a lo que alguien diferente nos regala; a la gratuidad de la confianza y de la interpelación de otro ser humano, otra cultura, otras esperanzas; a la mirada a los otros que se convierte en solidaridad.

 

Luis García Orso

México, Febrero 23 de 2009

 

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